Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


miércoles, 18 de enero de 2012

Tribus Urbanas IV: Los Beatniks, Los tiempos están cambiando del otro lado del Atlántico:

Cecilia Medo

Hipsters, beats o beatniks:

Hemos estado ocupándonos de las tribus urbanas en el Viejo Continente, específicamente en el Reino Unido, sin embargo y por rigor histórico, debemos dar el salto del charco, hacia los EE.UU, donde se cocinaban los mismos cambios, aunque con otros ingredientes, la misma chola pero con otra pollera. Sin embargo, son diferencias que merecen la pena ser revisadas y comprendidas en y por sí mismas. Por ello, esta vez nos ocuparemos de los muy incompredidos Beatniks.


Kerouac en su juventud.
El Beatnik en el camino:

Hacia fines de los años 50  Jack Kerouac escribió “En El Camino” (“On The Road”), esta novela se convirtió en  el manifesto de una generación que, en las vastas tierras americanas, intentaba diferenciarse de las generaciones precedentes: los beatniks.

Cuenta la leyenda que el periodista Herb Caen, fusionó las palabras beat en su acepción de abatido, golpeado y sputnik, esta última palabra rusa, que significa “compañero de viaje” o satélite artificial. En esa época, la Unión Soviética lanzó el Sputnik I,  un satélite artificial que demostraba el indiscutible poderío del temido bloque soviético. La guerra fría estaba en su más vigoroso desarrollo, y el impacto de este Sputnik I era, tal cual, una prueba de que había muchas razones para termerles a los “rojos”, que eran todos malos, los chicos más malos del planeta. Algo así era lo que los beatniks simbolizaban para Herb Caen y buena parte de la opinión pública americana de entonces;  los beatniks, esos poetas disconformes con la sociedad americana, resultaban tan extraños como el satélite soviético, y por ser diferentes, igualmente amenazantes.  Pero desde el inicio hubo disconformidad en cuanto al término, el mismo Kerouac no lo aceptaba, ya que opinaba que ser Beat era una cosa, y Beatnik era más bien el nombrecito de una moda.

Los Beat o Hipsters –luego etiquetados sólo como beatniks-, eran lo más políticamente incorrecto para un país como los EE.UU. de los años cincuenta, es decir, la rutilante y victoriosa América de la posguerra. Fueron personas que empezaron a cuestionar el sistema aparentemente perfecto en el que vivían, decidieron recorrer los caminos, carreteras y pueblos de ese gran territorio, en búsqueda de respuestas, de encontrar el sentido de sus vidas; es posible que nunca como entonces el viaje como experiencia transformadora y trascendente, fuera practicado con tanta intensidad, a excepciòn de los románticos alemanes, los wanderers de los siglos 18 y 19. Los Beat también buscaban a nivel espiritual, y así fue que muchos se sintieron atraídos por religiones o filosofías orientales, como el budismo y el taoísmo. Además, tenían una actitud muy abierta para con la música en general, en especial hacia el blues, el jazz y el entonces novísimo rock and roll, al que adoptaron gustosos. Eran anti capitalistas, anti militaristas, planteaban modos de vida alternativos, en los que la expresión artística y creativa tenía más valor que los autos o casas con hipoteca.


Hipsters reunidos, San Francisco.

Como si esto fuera poco, veían con simpatía el uso exploratorio de algunas drogas y estaban a favor del ejercicio de una sexualidad libre. No es difícil imaginar lo sospechosos que estos beat o hipsters podían ser para el ciudadano americano promedio. Eran antipatriotas, flojos, no trabajaban, en fin, eran inútiles y marginales. De este rechazo hacia ellos salió el término beatnik.


San Francisco podría considerarse como el espacio hipster, beat –o beatnik- por excelencia. En algún momento, especialmente en  Playa Norte, la que se conocía también como Beatnik Land, se convirtió en uno de sus puntos de reunión favoritos. 

Precisamente un triste hecho ocurrido en esta playa fue aprovechado por la prensa para enfatizar la mala fama de los beatniks. Una chica fue asesinada por un marinero negro mientras mantenían relaciones sexuales. Los medios publicaron la noticia adjetivando a la infortunada muchacha de “chica beatnik” como sinónimo de chica fácil. Desde entonces, proliferaron las historias que daban cuenta del  supuestamente  desenfrenado estilo de vida de los beatniks; para satisfacción del morbo general, la emblemática revista Life se volvió uno de los medios anti-beat más encarnizados. Tanto caló esa imagen de gente si oficio, entregada al sexo y la violencia, que en 1959 se estrenó una pela, llamada “The Beat Generation”, y en 1960 otra más, llamada “The Beatniks”, y a estas les siguieron otras por el estilo. Para qué decir que con esta anti propaganda, la mala reputación de beat, hipsters y beatniks ya no tenía vuelta atrás.

Hasta hubo algún supuesto estudio psiquiátrico, en el cual se concluía que los beatniks provenían de la costa Este, pues la mayoría eran jóvenes de paso, provenientes de New York, siendo apenas un 20 por ciento los originarios de San Francisco, lo que sonaba a una limpiada de cara, como decir que los beatniks eran importados desde el otro extremo del país, aguzando la consabida rivalidad entre las costas Este y Oeste. Aparentemente, la meta de los más prominentes representantes de la sociedad gringa era la de satanizar a los beatniks al máximo, generando el rechazo masivo hacia ellos. Incluso se los veía como pro comunistas, en el mejor de los casos.


Jim Morrison, heredero de movimiento beat.

Beatniks famosos:

Entre los iconos beatnik hay una nutrida gama de intelectuales y escritores, poetas, músicos y filósofos, ¿ejemplos? Kenneth Rexroth, considerado el padre del movimiento, Allen Ginsberg –autor del ya mítico poema “Howl”-, William Burroughs, Jack Kerouac, y Timothy Leary –psicólogo e infatigable investigador de las drogas psicodélicas-, ellos fueron los padrinos e inspiradores de Bob Dylan, pocos años después, cuando se convirtió en “el compositor” por excelencia, el cantautor para los jóvenes pensantes de América y el mundo.


Bob Dylan

The Doors estuvieron más cercanos a los beatniks que al flower power; esto lo demuestra el mismo nombre de la banda, basado en el libro “The Doors of Perception” de Aldous Huxley, famoso libro en el cual se relatan las experiencias del autor con diversas sustancias alucinógenas, como la mescalina; Huxley estaba influenciado a su vez por el poeta y metafísico William Blake. Otro músico y artista importantísimo que fue considerado parte de este movimiento fue Syd barret, fundador de Pink Floyd.


Timothy Leary

Moda “beatnik”:

¿Tenían un “look” estos rebeldes, tan mal vistos por su sociedad y su tiempo? La respuesta es sí. Como toda tribu urbana, la vestimenta er aparte de un código, de una identidad. Los humanos usamos la ropa para distinguirnos del resto o para mimetizarnos con la masa, ese es nuestro camuflaje, ya que carecemos de plumas o pelajes interesantes.

Los beatniks tenían una vestimenta distintiva, y consistía, en el caso de los hombres, en chompas o suéteres de cuello alto, generalmente en colores oscuros, lentes de sol, polos o remeras de rayas horizontales, barba estilo “goatie” o “chivita” y una boina, lo que les daba un aire levemente afrancesado. Las mujeres iban de mallas o pantalones ajustados negros, chompas, suéteres o blusas amplios, no usaban tacos altos, jamás y llevaban el pelo suelto y largo, como señal de rebeldía, eran enemigas de las permanentes y lacas que lucían l a mayor parte de mujeres entre los 50 y los 60. Nada de peinados tipo beehive, o panal de abeja.


Beatniks en Latinoamérica:

Aunque nos parezca extraño, algunos  de nuestros países se vieron influenciados por este movimiento, tal fue el caso de Argentina, Brasil, Chile y México. EN Argentina hacia 1962 se formó un colectivo de artistas  e intelectuales que se adherían a esta corriente contracultural, fue el Grupo Opium. Dice la leyenda que ellos habrían sentado las bases de lo que sería el rock argentino, si duda uno de los más prolíficos e importantes de la región. En México hubo algo similar, se llamó “La Onda” y estuvo integrado también  por escritores y artistas.

Por otro lado, los Teddy Boys ingleses estaban emparentados con los beatniks americanos, con quienes compartían el sentimiento de frustración ante la sociedad y el sentirse marginados y “distintos”, aunque en e caso de los Teddy Boys, estos no tuvieran aquel halo de libre pensadores.
En España, donde sabemos que el movimiento Mod estuvo -y está- muy enraizado, hubo una especie de corriente beatnik, fueron los “beatniks ye-ye”.



¿Y qué pasó con todos ellos?

Allen Ginsberg

El propio Kenneth Rexroth, alguna vez escribió un artículo titulado "La comercialización de la imagen del rebelde", donde  afirmaba muy lúcidamente que la cosa más deplorable de la aparición de lo beatnik fue que eclipsó un movimiento disidente que tenía el potencial de crear un cambio real.

Estas palabras resumen lo que ha venido aconteciendo ante cada movimiento contracultural en las últimas cinco o seis décadas, lamentablemente, hemos asistido al aplastamiento por parte de los sistemas de turno a estas nuevas voces y estilos de vida. La satanización sistemática de todos ellos, utilizando el poder de los medios de comunicación, quienes finalmente defienden el orden establecido a capa y espada.

Pero podríamos decir que la generación beat, hipster o beatnik, abrió la trocha a todos los movimientos contraculturales que surgieron en los EE.UU y por efecto de rebote, el resto de las Américas. También podríamos decir que osaron abrir puertas que nadie había soñado jamás y, aún con sus excesos, le mostraron a un país terriblemente dopado y autocomplaciente como los EE.UU que la vida no se resumía a una casita con cerco blanco, un auto familiar, una esposa “square”, dos niños latosos pero fotogénicos y el perro de moda. Además nos dejaron obras literarias imperdibles, y lo mejor, ayudaron a cimentar esa maravilla del siglo 20, que es el rock como y expresión cultural y artística.



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