Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


lunes, 23 de abril de 2012

5 favoritas por Wes Craven



Nacido en Cleveland, en 1939, Es Craven fue criado en el seno de una familia bautista fundamentalista por lo que recién descubrió las películas en su adolescencia. Este ex profesor de humanidades se asoció a la industria del cine primero como asistente de producción  y editor para varias series B, una de ellas es Together (1971) de Sean S. Cunningham, el futuro creador de Viernes 13.
Su debut oficial como director fue con la ultraviolenta La última casa a la izquierda (1972). Su filmografía incluye dos grandes éxitos comerciales- Pesadilla en Elm Street (1984) y Scream (1996)- pero también obras de culto como Las Colinas Tienen Ojos (1977) y La Serpiente y el Arco Iris (1987) que son clásicos modernos del género fantástico.
Craven también ha trabajado mucho en la televisión, a través de series y telefilmes.
En el 2005 retornó a las pantallas tras cinco años de silencio. La Marca de la Bestia- escrita por Kevin Williamson-fue una producción atribulada y condenada desde su gestación al fracaso. La crítica y el público nunca le dieron una oportunidad. En cambio, Vuelo Nocturno tuvo un rodaje bastante apacible y llegó a las salas antes de lo previsto, adelantándose por unos meses a Plan de Vuelo, su directa competidora. El maestro no ha perdido su toque.



La última casa a la Izquierda (1972)

La última casa a la izquierda podría ser confundida con una película de estudiante, ya que técnicamente es rudimentaria como cualquier corto universitario y se regodea en escenas de extremada crueldad y violencia. Pese a su descuidada factura visual y su raíz de explotación, la cinta es raramente sofisticada y logra ser escandalosa en un sentido surrealista.
Inspirado en partes iguales por El Manantial de la Doncella de Igmar Bergman y la guerra de Vietmam, Craven elaboró esta retorcida fábula contracultural sobre la vejación de la inocencia en un pueblo de los Estados Unidos cercado por las droga, el rock n roll y la liberación sexual. Ecos de Scream y Pesadilla en Elm Street.
Y es que todo Craven está aquí concentrado, de una forma cruda aunque poderosa Desde las escenas  oníricas (infaltables en cualquier película suya) hasta el uso poético del hogar como punto de partida y de llegada ante los peligros de un mundo inseguro.
Pese a la leyenda negra que se cierne sobre sus cuestas (censurado por treinta años en Gran Bretaña y calificada por Leonard Maltin como la peor película de la historia) sorprende encontrarse con pinceladas de humor satírico en los momentos de mayor dureza.(Claudio Cordero)



Pesadilla en Elm Street.

Para cualquiera que haya visto películas de horror en los 80, la imagen de aquel hombre con el rostro quemado, un guante con cuchillas y vestido con un sombrero  y suéter, era suficiente para impedirles no dormir por varias noches. Ese  es el legado que ha dejado Freddy Krueger, el asesino de niños que regresa a cobrar venganza  contra los padres que lo eliminaron matando a sus hijos en sueños.
Con este filme, Wes Craven fue catapultado a formar filas entre los grandes del género de horror. Pesadilla en Elm Street tiene la distinción  de ser la película que revitalizó al género slasher o de asesinos en serie, al añadirle un componente psicológico y surreal que lo hizo superar a sus pares, que sòlo se preocupaban por mostrar una muerte sangrienta tras otra sin prestarle atención a la trama, que en este caso era más trabajada que lo normal.
Fue esta mística lo que hizo popular a la película, junto con la memorable actuación de Robert Englund, por siempre sinónimo como el psicópata Krueger. Si bien en futuras entregas el personaje se volvió un payaso propenso a contar chistes malos, en eta primera parte Craven lo muestra como debe ser: un amoral y sádico asesino que mata con métodos imaginativos y se mantiene en las sombras.
Aunque le tomaría mucho tiempo gozar del mismo éxito que tuvo en esta etapa. Wes Craven marcó un hito dentro del terror con una película oscura y sangrienta, que se ha ganado un merecido sitial dentro de las favoritas de los fanáticos. (Ernesto Zelaya)



La gente detrás de las paredes (1991)

La residencia laberíntica de una pareja desquiciada es la premisa idónea para que Wes Craven regale a sus espectadores una película llena de sorpresas. Injustamente menospreciada, La gente detrás de las paredes es un pulcro ejercicio de terror en el que se inmiscuyen pinceladas de humor perverso al mejor estilo de su realizador.
Desde la perspectiva de Fool ( Brandon Adams), un niño que recorre la casa maldita, presenciamos como logra vencer los macabros obstáculos que se interponen en su travesía. Y es quizás ésta la mayor ventaja del filme, pues ante todo es un simpático relato de aprendizaje: gracias a su bondad, inocencia y coraje, Fool vence a mal en cada paso que da.
Como contrapunto del muchacho se encuentra la dupla endemoniada que habita la casa. Luego de ver la escalofriante química entre Everett McGill y Wendy Robbie en Twin Peaks de David Lynch, Craven los elegiría para interpretar a Papá y Mamá en esta obra. Notable decisión, porque erizan la piel con la demencia que transmiten sus rostros poseídos. Son tan feroces como el rottweiler que tienen de mascota. De ellos puede esperarse lo que sea, y por ello sus actos no conocen límites. Otros personajes divertidos como  Alice, Roach y Leroy ( Ving Rhames, poco antes de hacerse conocer como Marsellus Wallace en Pulp Fiction) brindan matices que colaboran con la efectividad de la película.
Chillidos, sangre, incesto y antropofagia conforman esta montaña rusa de entretenimiento irrefrenable a cargo de un verdadero maestro del horror.(Gabriel Meseth)



La Nueva Pesadilla (1994)

Anticipándose a Scream, Craven elaboró esta cinta de horror metalingüístico en la que Freddy Kruger intenta traspasar la ficción para habitar nuestro mundo. Al parecer, una nueva entrega de Pesadilla en Elm Street está en pre-producción… y cosas muy extrañas están sucediéndole a Heather Langenkamp, la actriz que interpretara a Nancy en el filme original; no sólo recibe llamadas amenazadoras de un presunto admirador, sino que, además su pequeño hijo imagina que hay un “hombre malo” debajo de su cama que aparece al quedarse dormido. Todo eso hace que nos preguntemos: ¿realmente Freddy está muerto?
Este personalísimo experimento dentro del género de terror tiene mucho de cerebral- característico de una obra autorreferencial -; pero su valor artístico es principalmente emocional; es, sin duda, una de las creaciones más espeluznantes del maestro del grito y una de las más representativas de sus inquietudes filosóficas. La confusión de la realidad con los sueños,  y la utilización de estos últimos como metáfora del cine, alcanzaron aquí un notable y fluido devenir. Langenkamp es esa “actriz que no quiere actuar”, hasta que su vida empieza a parecerse a una película de Wes Craven, el mismo que hace una aparición especial (como sí mismo) al lado de Robert Englund; curiosamente, ninguno de ellos mueve un dedo por salvar a su compañera, quizás porque necesitan de una mujer aterrada para echar a andar su imaginación.(Claudio Cordero)



Scream (1996)

Lo grandioso de Scream es que es capaz de tributar y parodiar simultáneamente un género(las películas de terror adolescente) que a su vez cumple a la perfección. Este doblez es su principal virtud. Probablemente el producto más acabado de Craven. El director presenta un mundo riguroso de reglas y clichés, inspirados en los formulismos que sostienen la cultura de masas norteamericana, donde, como recalca la película más de una vez, importan menos las causas de los eventos que la dinámica que en sí generan. De esta forma la trama, compleja hasta el absurdo, queda disuelta( así como sus posibles cabos sueltos) en una vorágine de asesinatos, que son la excusa perfecta para mostrar truculencias y convenciones, generando al mismo tiempo un discurso sobre ellas mismas. Así, apelando a múltiples referencias fílmicas y televisivas (incluso el propio director aparece tributando a Freddy Kruger), Craven, junto al guionista Kevin Williamson (responsable de la serie ‘Dawson’s Creek’, donde también se exhiben en los mass media) se encargan de exponer y subvertir los pactos dramáticos que exige la industria de entretenimiento, dotando al filme de un segundo nivel de lectura crítica donde el humor y la ironía pasan a jugar, codo a codo con los gritos y la sangre que anticipa en clave el título del filme. Notable. (Jerónimo Pimentel)


Extraído de Godard, revista de cine Nº 8

1 comentario:

Cecilia Medo dijo...

Más de una vez el bueno de Wes me ha hecho pegarme un buen susto, y se lo agradezco. Viva el cine de horror serie B.

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