Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


miércoles, 11 de abril de 2012

Cómo nació la afición por la historieta, Cómic Por Diego Beatfolk.








De niño dibujaba en primaria, quizá influenciado por los primeros dibujos animados que vi, como Farmer Alfalfa, Kiko the Kangaroo, Popeye… por las primeras historietas que nuestra abuela nos traía. Mis hermanos mayores y yo admirábamos a uno que llamábamos “El dibujante”, que era uno que hacía el Pato Donald, pero sus historietas eran las mejores, la forma de dibujar y el argumento eran buenísimos, en su trazo y viñetas podía encontrarse incluso algo poético.
Era el mejor, sin embargo parecía como si sólo mis hermanos y yo nos dábamos cuenta de ello.
Con el tiempo supe que ese dibujante anónimo era Carl Barks, un genio que dibujó para la Walt Disney sin firmar sus dibujos, y creó muchos personajes como Los Chicos Malos, Giro sin tornillos, La bruja Amelia, y ese espantoso Tío Rico.
Aquellas historietas se vendían como chistes en los quioscos o en algunas tiendas para niños.
Me acuerdo de los de la saga de La Zorra y el Cuervo, Quique el gavilán, de la editorial Novaro, de México, los de la editorial Zigzag de Chile, Porky… Luego los argentinos El Tony, Dartagnan… Solíamos intercambiar algunos con los patas del barrio… Tuvimos una colección grande de chistes, algunos que no recuerdo qué autores  norteamericanos…. Otros como el muy tenebroso Dr. Mortis… Chistes mexicanos de humor chocante, como Hermelinda, Aniceto, el mismo Monje Loco, Capulina. Toda esa colección poco a poco fue desapareciendo, al igual que muchos juguetes legendarios, como los carritos Matchbox o los Corgi toys ingleses, joyas de los 60 que vendían en Oeschle o en tiendas de la esquina del barrio, o los muñecos americanos G.I.Joe. Nos rodeaban artefactos de gran belleza en esa época.
 En el colegio seguí dibujando, cosas de fútbol, que practicaba mucho… luego, cosas de rock, que empezaba a impactarme gracias a mis hermanos. Las portadas de Yes y su logo, de Roger Dean, Keith Emerson y su moog gigantesco… ya luego quise postular a Bellas Artes, pero nunca lo llegué a hacer. La guitarra y la música también me atraían. Quería dibujar historieta, cómic, era hacia la época de Monos y Monadas, hacia finales de los 70. Uno de los dibujantes de Monos y Monadas que me gustaba era uno que firmaba como “Q”, hacía un comic sobre Haya de la Torre, creo que se llamaba Flan Gordo, bien desmadrado. Creo que lo hacía un pata que es pintor, medio hippie, que vive por Pachacámac, creo que se apellida Velarde.
Por los años 86 ú 87 conocí a algunos de Hora Zero, Tulio Mora y Pimentel, que empezó a hacer una tira a la que llamó “Solito”. Humor dadaísta se diría. Él me animaba a dibujar algo, pero no me atrevía.
Hacia 1987 debo haber conocido a Julio Polar, un gran dibujante, un miembro de Hora Zero, con una tradición de los dibujantes de antes, que aprendían con los métodos por correo que anunciaban en las revistas argentinas. Polar venía también de una tradición de la izquierda y los proletarios. Me enseñó muchas cosas sobre la historieta.
Luego salió el primer número de la revista de cómic “Etiqueta Negra” y conocí a Oscar Malca… planeó el siguiente número, hice para él mi primera historieta de dos páginas… un poco antes Polar sacó su revista “Boom”, no pude colaborar para ella porque la historieta que había hecho era para la de Malca. A través de Etiqueta Negra conocí al club Nazca, fui allí con Jaime Higa, que había impulsado el movimiento subterráneo punk junto con los demás, Pedro Cornejo, Wicho, Troncoso, etc. En Nazca vi muchos comics que no veía hacía mucho y conocí a la pareja de ultraconocedores de cómic y películas antiguas  Mario Luccioni e Irela Núñez.
Luego hice mi segundo cómic, tomando las ideas de uno que leí en El Víbora, y recordaba algo el argumento y lo recreé, pues ya había devuelto la revista. Este salió publicado en un fanzine de Jaime Higa, llamado “La soledad es una conjuntivitis”, y también en otro que hacía Raschid Rabí y Martín Morales llamado “Karne Kruda”.
Luego hice otros dibujos, muchos no acabados… portadas de casetes.
Aproximadamente hacia 1996 ó 1997 hice “Fábulas del juez lechuzón” tomando viñetas de una historieta antigua, dibujada por un anónimo amateur que me gustaba mucho, en la onda del cómic antiguo, con una frescura que sólo las cosas amateur poseen. Debe ser  el mismo cariño que uno tiene en música por el Low-Fi, por el garage de los sesenta. Estas viñetas las mezclé con otras de una historieta española sobre la banda de Bonnot, un anarquista expropiador francés que murió trágicamente. Yo conocía su vida, pues conservaba un artículo que salió en el suplemento “El Caballo Rojo” del Diario de Marca, y Julio Polar me había mostrado otro texto con fotos de la Banda… como leía cosas sobre la historia del anarquismo, mezclé todo esto, incluso al personaje “Julio el León” (que representaba a  Jules Bonnot) en una viñeta le pongo un traje como el de Buenaventura Durruti con su gorro de la CNT, la central obrera anarquista española.
En el 2000 hicimos el primer número de Sótano Beat. Hice la portada a mano, pegando Op Art, tratando de imitar la estética de una revista de los 60, y añadí unos muñequitos estilo dibujo antiguo tomados de los geniales Flamin´Groovies y su guitarrista y dibujante Cyril Jordan. En el fanzine intentábamos evitar el uso de la computadora  para utilizar más bien técnicas que habían sido desechadas, como el stencil. Al final tuvimos que abandonar la idea .
Ahí he publicado otros cuatro cómics de una saga que llamé “Ghost Train”, en homenaje a una banda de garage que tuve hacia 1992, llamada Tren Fantasma.  




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