Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


martes, 29 de mayo de 2012

Rossella Jardini

"Try to work with honesty"



Poco antes de su trágica muerte a los 44 años, en 1994, Franco Moschino estuvo hablando del futuro de su marca con Rossella Jardini, su mano derecha femenina en la compañia desde su fundación en 1983. Su mensaje era sencillo: ROssella debía permanecer al frente de la firma y utilizar su posición para seguir recaudando fondos para obras benéficas. Pocos imaginaban que una marca tan ligada a la carismática irreverencia de Moschino prosperaría bajo el impulso de otro diseñador, pero el acercamiento discreto y la apariencia más bien austera de Rossella Jardini confirmaron su importancia crucial en la deconstrucción de lo absurdo de la moda que había emprendido Moschino; la parodia de una parodia. Nacida en Bérgamo en 1952, Rossella Jardini abrió una pequeña boutique a principios de los años setenta en la que vendía diseños vanguardistas de gente como Issey Miyake, antes de pasar a trabajar en Cadette, una línea d eropa para mujer diseñada por el joven Moschino. Rossella Jardini se separó durante una breve temporada de su nuevo amigo para diseñar los complementos de la Bottega Veneta, pero volvió con él cuando Moschino lanzó su propia en 1983, La mezcla de parodia, efectos trampantojo y corte clásico de Moschino se convirtió en la combinación ganadora en una década de los ochenta obsesionada por la moda. Sus audaces eslóganes son el mejor ejemplo de la forma en que moschino logró hacer explotar el flobo de la alta costura. Los modaadictos se apresuraron a aprovechar la ocasión para reírse de sí mismos luciendo una camisa con el eslogan <Esta camisa es muy cara>, mientras que el de <Ready To Where?> resumía bien la vacuidad de la época. A la muerte de Moschino, la etiqueta de <bufón de la moda> que la marca compartía con Jean Paul Gartier empezó a chocar con la seriedad conceptual de los noventa. Pero Rossella Jardini ha sabido cambiar el rumbo de la firma, en particular gracias a la reciente recuperación de antiguas creaciones de Moschino y a su firme determinación de no tomarse nunca la moda demasiado en serio.

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