Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


sábado, 28 de abril de 2012

LAS MALAS INTENCIONES por Oscar García.





Es agradable ver cuando una película peruana, que se plantea como ambiciosa, no se ahoga en sus propósitos y llega con buen aire al a otra orilla. Las Malas intenciones, opera prima de la directora Rosario García-Montero, es una película nacional que, en su sencillez argumental, propone varias lecturas que van más allá de su comentada inspiración autobiográfica. En principio, es la historia de una niña muy singular. Pero también es el relato de una clase social que se desmorona ante la aparición de un “nuevo país” que desconoce y también la historia de ese país – el Perú a inicios de los ochenta- que empieza a fracturarse por la sangrienta lucha subversiva.
La protagonista y eje Focal del filme es Cayetana de los Heros(Interpretada con acierto por la niña actriz Fátima Buntinx), una pequeña de ocho años perteneciente a la rancia arisocracia limeña. Hija de padres divorciados, Cayetana se desmarca de sus frívolos pares, como un patito feo, por tener una visión macabra de las cosas. Una obsesión tanática que la hace romantizar el acto de morir, y, en especial, el de morir con un propósito: los héroes de la Patria como Grau, Bolognesi y José Olaya, son sus ídolos, pues ofrecieron su vida por un bien mayor, algo que marcará sus pensamientos y hasta su accionar a lo largo del filme.
Cayetana vive rodeada de atenciones por parte del personal de servicio aunque está privada de afecto familiar. Por ello, el día que le informan que va a tener un hermanito, su mundo interno se conmociona. A través de una estructura episódica, con escenas llenas de humor negro, somos testigos, a continuación de su peculiar calvario, mientras siente que el bebé en gestación le roba la atención de su madre y padrastro. Es aquí que la narración consigue su primer nudo: la promesa/conjuro de Cayetana de morirse el día que su hermanito nazca.
Mientras el espectador sigue atento esa premisa- y la posibilidad de su concreción-, somos testigos de más temas que se articulan. El mundo externo de Cayetana también está cambiando. Las clases altas limeñas empiezan el lento proceso de replegarse sobre si mismas debido a la acción subversiva, pero, también a causa de una transformación social que los intimida. La respuesta ante la emergencia de ese “nuevo Perú”, que amenaza su status, es aislarse: levantando más paredes, yéndose a veranear a altamar para no intimar en la playa con el Otro. El asunto llega a su clímax en la escena final, con ese carro/ataúd (otra vez el tema de la muerte) de lunas polarizadas que le ponen a Cayetana como movilidad, y que la aísla por última vez. Su destemplada rebelión, ante ello, funciona como descarnada afirmación de vida en una película que, desde el inicio, juega con lo fúnebre.
Lo mejor de Las Malas Intenciones  es su planteamiento y su puesta en escena, estupendamente cuidada. Escoger el punto de vista de una niña, para narrar lo dicho, le confiere al relato un tono subjetivo y fantasioso que lo salva de la trampa documental y lo previene de la tentación costumbrista, que habría sido la elección  de caer en manos de otro director peruano. No hay duda de esto. La elección de una fotografía que emula desteñido vintage de los álbumes de recuerdos, corrobora el fuerte tinte subjetivo de la travesía del personaje, tan personal, que se permite evocar hasta lluvias en una ciudad en la que solo garúa, además de otras inexactitudes históricas.


Desde luego, no todo es perfecto. Tiene razón quienes ven, en las escenas de fantasía que involucran a los héroes de la patria, un punto bajo, pues si bien no resultan antojadas en su concepción- al menos su última participación, cuando se dan cuenta de la futilidad de su muerte, es brillante y consonante con la emotiva historia de la prima desahuciada-, rompen con la suspensión de incredulidad. Las risas en la sala de cine en un momento que se pretendía-dramático, eran elocuentes. De otro lado, un buen editor de diálogos habría sabido recortar aquellos donde Buntinx, dueña de un gran talento aún en formación, recita en lugar de interpretar.
Pero a las películas buenas también se las conoce por su capacidad para dejarnos consigo escenas memorables, que se recuerden de modo independiente a la trama. Las Malas intenciones tiene varias. Si tuviese que quedarme con dos, serían las de las reconciliaciones: esa muy bella entre Cayetana y su neurótica madre (gran personaje por ser el involuntario detonante del malestar en todo el filme) que se queda dormida, luego de dar a luz en el hospital. La otra, sin duda, la escena del auto entre la protagonista y su padre, bajo los acordes de Salvatore Adamo. La fuerza de la música, y el disfrute de los personajes, construyen uno de los pocos momentos genuinamente alegres y distendidos que se viven dentro de esta lánguida, sombría gran película peruana. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MMM habra q verla, parece muy buena!

Cecilia Medo dijo...

En lo personal, creo que la peli es muy lenta, pero el tema es interesante... No es fácil catalogarla... en todo caso, consigue el dvd...

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