Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


sábado, 28 de abril de 2012

José Dávila.1974, Guadalajara, México.



Como otros artistas mexicanos de su generación, apuesta por un trabajo en el que el mensaje es tan importante como el aspecto formal. Se sitúa muy cerca del arte conceptual de los años 60 y 70, por lo que a menudo su labor es considerada una actualización revisada de los fundamentos  base de esa tendencia.
En su producción utiliza los libros como medio para exponer sus preocupaciones artísticas. El lenguaje escrito como vehículo de expresión plástica, remite una vez más al conceptual  de décadas pasadas y su característico andar hacia la tan discutida cuestión de la desmaterialización de la obra de arte. Sin llevar su postura a extremos tan radicales, Dávila comparte la idea de que el objeto artístico debe alejarse tanto de caer en lo meramente ornamental, como profundo debe ser su contenido. Por eso en su obra no hay estética por estética.

Columna falsa, 2002. Vista de intalación. Cajas de cartón.

Obras como S, M, L, XL, son una reflexión acerca de los formatos usados por los libros de arte en los últimos años. Mucha imagen y sucinta información  teórica es una realidad que no sorprende si pensamos en el poder de lo visual frente a otros medios de comunicación, responsables de que el libro se convierta en un bien suntuario, de diseño, no de erudición. Por eso usa libros antiguos, los secciona y los corta, alterando los significados escritos, poniendo en entredicho el valor dado al ejemplar como objeto, cuya valía está más en su antigüedad que en lo escrito. Ha perdido su función original, como el coche de otra de sus obras, Auto-marca, que convertido en escultura deja su puesto en el uso cotidiano y muta a pieza artística.
Dávila trabaja conscientemente en obras de difícil salida en el mercado del arte, al que critica desde instalaciones de vida efímera, producidas fuera de los circuitos artísticos habituales. Busca espacios emblemáticos para encajar su particular juego de transformaciones, y una vez encontrados trabaja como andamios, como el de Temporality is a question of survival en el Camden Arts Centre de Londres. Estas estructuras metálicas son su baza formal para hablarnos de funciones estéticas otorgadas a objetos que en principio no tienen ninguna, de lo que implica “cubrir” cambiando la cara habitual de la ciudad, y de proporcionar nuevas perspectivas del lugar, ofreciendo su punto de vista sobre la importante participación del espectador de la obra de arte, que debe contener además una seria dosis de compromiso social.
En estudios para dibujos futuros, papeles arrugados, fotografías de perfiles urbanos recortados sobre el cielo, donde es inventor de imaginadas topografías, nos hace caer en la cuenta de que el arte debe proponer, abrir realidades imposibles de sospechar, que sus ufnciones deben ir más allá de coleccionismo contemplativos.

Elevación Nº2, 2003. Vista de intalación. Pintura y tablarroca.


Extraído del libro 100 artistas latinoamericanos.
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