Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


domingo, 18 de diciembre de 2011

“Wilson”, de Daniel Clowes. por Gabriel Zárate



Por Gabriel Zárate


Wilson: Con guión y dibujos de Daniel Clowes, prestigiado autor de culto en la historieta independiente americana, publicado inicialmente por Drawn and Quarterl (EEUU) el 2010 y luego por Radom House Mondadori (España) también el 2010. Libro de 80 páginas, nominado en el último Salón del Comic de Barcelona en la categoría mejor comic extranjero publicado en España.


Novela gráfica centrada en la conflictiva temática de lo autobiográfico. Amarga tragicomedia de un contrariado hombre banal y solitario, encerrado en egocéntricos soliloquios reflexivos que culminan desacreditando sus propias ideas y paralizándolo ante cualquier acción redentora.


Absorto en una tediosa y estéril rutina diaria, Wilsonradicado en Oakland (California) se desespera por entablar comunicación con los individuos que se cruzan en su camino. Su ansioso desequilibrio emocional lo conlleva a problematizar cada encuentro, fracasando en todos sus intentos de establecer vínculos interpersonales, debido a su egocéntrica intolerancia. Sus sardónicos diálogos, de una insensible crudeza y áspera agresividad gratuita, son parte de un visceral mecanismo de defensa ante la colérica desilusión de la fallida interacción social, por lo que repetidamente resulta desagradable y repulsivo, estancándose en una perseverante marginalidad afectiva por sus marcados rasgos sociopáticos.


Hombre de mediana edad, frustrado estudiante de filosofía en la juventud, renunció tempranamente a ser asimilado en el voraz sistema de la rivalizante competencia y en la individualista cultura globalizada del éxito, optando por la oscura suerte de la decepcionante mediocridad y la reiterativa derrota. En su amarga y sombría vivencia habitual solo lo acompaña su leal perroPepper; contempla los estertores agónicos de su anciano padre y decide ir en busca de su ex esposa a quien no ve hace 14 años. La historia, que incide en uso de las elipsis narrativas, se convierte posteriormente en una pesadilla existencial para su confuso y desubicado protagonista.


Empleando páginas unitarias y autoconclusivas que son abruptas estampas cotidianas en la compleja vida deWilson, cierran todas ellas con irónicos gags de un sórdido y acido humor negro. A la vez carece de un estilo de gráfico uniforme pues alterna reiteradamente el deslucido trazo realista sucio con un caricaturesco dibujo infantilmente humorístico, influido del cartoon, de ingenua e inocente sencillez. Con esta peculiar y original estructura, Daniel Clowes problematiza el género de la novela gráfica y como autor reivindica su innovador y contracultural origen alternativo.


Agobiado en un asfixiante y contradictorio mundo materialista contemporáneo que no termina de comprender, paralizado por sus maniacas obsesiones reflexivas, Wilson no percibe que la única felicidad posible radica en la trivial experiencia cotidiana que la imperfecta vida le ofrece y por ello su existencia se presenta como una desencantada y malhumorada búsqueda inútil y autodestructiva que culmina en la apesadumbrada cascara vacía de la contundente mediocridad y el incompasivo desarraigo.


En los márgenes del texto, se vislumbra someramente la conflictuada lucha de Wilson entre los fantasmas interiores que lo desgarran: Su abrumador miedo y pavor trastornante ante el desarraigado mundo doliente, oscilando como ambigua respuesta, entre la enconada rabia reprimida que se desliza con corrosivos y explosivos arrebatos verbales y una depresiva culpa ambivalente, proyectada por un bloqueador castigo y rebelión bicareante ante la represora figura paterna.


Wilson combina momentos de inteligente y lucida reflexión descarnada con una seca y corrosiva sinceridad al hablar que colinda con el lacerante y descalificador cinismo, en la cuestionadora e inútil búsqueda de un patriarcal orden perdido y añorado. Su afán permanente de reintegrarse socialmente choca con la frialdad de sujetos inmersos y abstraídos en la veloz vorágine de una pragmática sociedad de consumo. Su hostil inmadurez emocional se revela por un predominante egoísmo infantil que aflora repetidamente, impidiéndole percibir que en su recóndita esencia los sentimientos en los hombres son siempre subjetivamente condicionados a través de transacciones afectivas y no incondicionales como su narcisismo reclama, por la peculiar naturaleza intrínseca humana.


Libro considerado por la crítica especializada como la gran obra de madurez de Daniel Clowes, donde su protagonista, el perturbado Wilson, encierra quizá los cuestionamientos adecuados a la compleja y cosificada sociedad actual en que vivimos, problematizando fibras internas en el lector, pero todas sus respuestas son siempre las obtusamente equivocadas, sin percatarse que por empecinarse en sus introspectivas cavilaciones, desperdició la trascendental y efímera ocasión de vivir que tuvo presente ante sí, dejándola pasar inexorablemente.


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