Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Pink Floyd | The Piper At The Gates Of Dawn (1967)



Sello discográfico | Columbia
Producción | Norman Smith
Dirección artística | Syd Barret
Nacionalidad | Reino Unido
Duración | 41:52

<No creo que resulte sencillo hablar conmigo. Mi mente es muy irregular>

Como grupo residente del club UFO a mediados de los 60,  Pink Floyd emprendieron una revolución musical psicodélica en Londres que rivalizaba con la que The Grateful Dead realizaron en San Francisco. Pese a su engañoso nombre – tomado de los bluesmen Pink Anderson y Floyd Council-, Pink Floyd no era un grupo de hippies andrajosos que tocaban música negra, sino una banda de estudiantes de arquitectura y arte vestidos a la moda en busca de su propio sonido. The Piper  At The Gates Of Dawn  alcanzó ese objetivo con fascinantes resultados.


El éxito del álbum es consecuencia de lo bien que el grupo equilibraba la exploración sonora de sus actuaciones con la técnica de composición que hay detrás de éxitos como <Arnold Layne> y <See Emily Play>. Nadie escribía singles  psicodélicos mejor que Syd barrett.
Incluso la odisea espacial del comienzo, <Astronomy Domine> giraba en torno a una estructura pop familiar. Sin embargo, es evidente que el compositor estaba luchando por controlar la música, así como su mente, mientras el bajista Roger Waters, el pianista Richard Wright y el baterista Nick Mason impulsaban el viaje espacial. Es esa tensión la que hace que la barroca <Matilda Mother> y la jazzística <Pow R Toc H> resulten tan efectivas. La pieza central del disco es el viaje en cohete de diez minutos de duración <Interstellar Overdrive>, que contiene la mejor interpretación de guitarra de la banda antes de la inclusión de 
David Gilmoore.


Poco después el grupo perdió a Barrett a causa de una crisis nerviosa e incorporó como líder a David Gilmore.
Waters se convirtió en la fuerza creativa y alimentó la fascinación por la banda con unos ciclos de canciones conceptuales. Pink Floyd lograría costas mayores de éxito comercial y artístico, particularmente en Dark Side Of The Moon, pero con The Piper… consiguieron capturar la esencia de la psicodelia de los 60 perfectamente.


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