Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


viernes, 10 de agosto de 2012

Mariko Mori




1967 en Tokio (Japón); vive y trabaja en Tokio y Nueva York (EE.UU)

<Mi obra es una revelación del pensamiento.
Me encanta transmitir los ademanes esotéricos a través del mundo interior>


Visiones pictóricas sintéticas entre el ayer y el mañana
 Igual que muchos artistas de hoy día, la artista multimedia Mariko Mori vive en dos mundos: su ciudad natal es Tokio y la que ella ha escogido, Nueva York.  Sus representaciones y diseños de moda, videos y fotografías reflejan el contraste entre el viejo y el nuevo mundo, entre Oriente y Occidente, sintetizando los dos mundos en visiones hiperrealistas.  Visiones que no sólo incluyen el budismo y sintoísmo japoneses sino también las últimas tecnologías, el tratamiento digital de imágenes, la ciencia ficción, la música tecno y la neo-pop, los cómics y la publicidad.
En sus primeros trabajos fotográficos, ella misma posa como una cyborg (mujer biónica) vestida con un flamante traje plateado hi-tech, rodeada de japoneses de la vida cotidiana de su mundo y, sin embargo, aislada: en un vagón de metro que, debido al encuadre de la fotografía, hace pensar en un ovni (Subway [Metro]), 1994); delante de un edificio de oficinas, donde ofrece té a los ejecutivos que pasan (tea Ceremony III [Ceremonia del té III), 1995), o como mezcla de muñeca Barbie y las mujeres mecánicas de Fritz Lang en Metrópolis, en una sala de juegos de pachinko (Play with me [Juega conmigo], 1994)
La instalación fotográfica en tres dimensiones Birth of a Star (el nacimiento de una estrella, 1995) marcó un cambio de sentido en su obra. Mori se presentaba a sí misma, sola ante n fondo blanco, mientras pelotas de alegres colores flotaban alrededor como estrellas. Se presenta con unos enormes auriculares, minifalda y medias de plástico como si se tratara de una estrella pop, creada por ordenador con un look que mezcla los años setenta y noventa. Dos lazos amarillos de plástico colocados en los hombros a modo de alas recuerdan la figura de un ángel como intermediario entre el cielo e infierno. Desde entonces, sus enormes fotografías en color y sus videos han sido producidos por un equipo de 8 a 19 socios y numerosos esponsors
<Miko no inori>
Las superproducciones de Mori necesitan de especialistas en vestuario y joyas, estilistas, peluqueros y maquilladores artísticos, técnicos, iluminadores y un equipo de filmación, expertos en composición, sonido, animación y diseño por ordenador, para crear un perfecto montaje pictórico. Mariko es la directora, dramaturga, cantante y actriz principal de sus fotografías, videos y representaciones. Y de forma tan perfecta como la presentación, cada elemento visual o acción cinemática están trabajados en distintas fases. La artista integra completamente los nuevos mundos visuales, oscilando entre pasado, presente y futuro, sueño y ficción, tradición y modernidad, religión, naturaleza y tecnología, profundidad y humor con su propio ciber-realismo. Mezcla y unifica contrastes cuyos límites oscilan con fluidez  en las composiciones. Manipula, sintetiza y armoniza con el deseo de crear un mundo mejor al otro lado, aunque sin ningún tono crítico, porque su misión es describir la iluminación  en el nirvana. El budismo cree en la reencarnación y en un estado de paz bendita. Las visiones pictóricas de Mori convierten las posibilidades del mañana en la realidad del hoy.
Vestida con un flamante vestido blanco y rosado y puntiagudas alas de plástico angelicales, espera en un aeropuerto japonés con una bola de cristal en la mano. En sus ojos aparecen rayos de luz cuando mira a la bola de cristal, es decir, al futuro. Este video titulado Mirko no inori (1966) parece ser programático de toda su obra, en la que pone todo su empeño en unificar su arte y su filosofía, su religión y sus visiones mágico-espirituales.
<Kumano>
En la fotografía Kumano, realizada dos años después, Mori paece haber encontrado su futuro autorretrato. A la izquierda de la imagen, se encuentra ella arrodillada ante un puente rojo, como los que pueden verse en los templos japoneses. Con un tocado hecho con perlas y telas preciosas, es la encarnación del Japón tradicional. Al fondo surge una cascada entre los árboles. A la derecha de la fotografía, Mori está de pie ante un templo poligonal de aspecto futurista, el Dream Temple (el templo de los sueños), cuya forma es una reminiscencia de las antiguas tradiciones arquitectónicas japonesas. Su figura es casi trasparente, hasta tal punto se trata de una difuminada aparición virtual del futuro. E incluso ella, como si estuviera envuelta en brumas o en una luz resplandeciente, se muestra casi incorpórea o todavía no palpable. Las dos escenas están conectadas por el mismo fondo de bosque y los antiguos caracteres escritos en la parte superior, pintados en la superficie de la fotografía.
<Dream temple>
En su ultimo trabajo, Dream temple (el templo de los sueños, 1999), Mori tomó el templo digital de Kumano y lo llevó más allá transformándolo en un verdadero <Gesamtkunstwerk> y obra de arte total. Es este su proyecto más multidisciplinar hasta la fecha, en el combina arquitectura, diseño gráfico por ordenador, efectos tridimensionales y un sistema de visualización en cúpula y de realidad virtual para explorar la naturaleza de la consciencia humana. Con un diámetro de 10 m y una altura de  5 m, el octogonal Dream Temple está formado por cristal ordinario y dicroico  cuya superficie ligeramente brillante e iridiscente cambia con la luz. Está basado en el templo Yumedono de Nara, construido en el siglo VIII para albergar la estatua de Bodhisattva en una atmósfera meditativa. El templo de Mori, evidentemente, carece de divinidad, cuyo lugar es ocupado por el espectador que penetra en el edificio central para descubrirse a sí mismo en una proyección de video total, en la que las imágenes abstractas de cuerpos astrales se convierten en imágenes de germinación  y crecimiento. Y precisamente a causa de la perfecta manipulación y presentación de Mori, que al mismo tiempo hace pensar en la ingeniería genética y combina lo real con futuristas utopías oníricas, el término <surrealismo cyborg>- acuñado por Donna J. Haraway- parece aplicable a la obra de Mariko Mori.



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