Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


jueves, 10 de mayo de 2012

Tribus Urbanas : Los Punks - Rápidos y furiosos (1)

Cecilia Medo.

Chicos malhumorados y con los pelos de punta -a veces teñidos de rojo o verde-, chicos malos enseñando los dientes e izando ese dedo medio delante de cualquier objetivo. Chicos rabiosos que vociferan algo parecido al viejo rock and roll, pero tal como sonaría desde algún antro del infierno. Gritan que “!No hay futuro!” Quieren la “¡Destrucción!” y han venido a tirar por la borda los ya gastados sueños de paz y amor. Con ustedes, los Punks.



¡Punk! Suena a interjección, a palabrota. No estamos lejos, pues en la lengua inglesa, “punk” quiere decir algo muy similar a “basura” o “escoria”. El punk rock nació -para algunos- en los años sesenta, de hecho hay quienes hoy en día sostienen que los peruanísimos de Los Saicos habrían sido el primer grupo punk del planeta, y es posible, si no lo pueden creer, escuchen su single “Demolición” (1965), y después díganme si no suena  muy punkie. Pero la controversia principal es acerca de si el Punk tal como lo conocemos, es decir el que explosionó hacia la segunda mitad de la década de los 70, se gestó en Londres o en New York. Hay fundamentos para sostener ambas opciones como válidas.



Un poco de historia…

El Punk fue mucho más que un movimiento juvenil, por lo tanto hay que tomar en cuenta el momento histórico en el que se dio, tanto en los EE.UU como en el Reino Unido. Eran tiempos de profundo descontento y crisis económica, la decepción del estrepitoso fracaso de Vietnam para los yanquis y el desempleo sin perspectivas de poder realizar un proyecto de vida para los británicos, todo bien envuelto con el pesado velo de los años más duros de la Guerra Fría, constituyen un marco histórico y social con consecuencias similares en ambos países. Los jóvenes de uno y otro lado del Atlántico estaban frustrados, hartos y muy, muy enojados. Sin importar en qué país se empezó a gestar, el Punk que el orbe conoció –y que hoy reconoce- fue aquel grito salvaje y desaforado que estalló en la cara de la misma reina Isabel II en Londres, allá por los años 76 y 77.

En los años previos a esta revolución,  el mundo de la música ya había perdido la inocencia. El rock ya tenía sus propios mártires y suicidas, lloraba a sus propios muertos, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrisson, -los del club de la “J”- estaban todos bajo tierra. Por otro lado, el rock se había ido profesionalizando y para  el inicio de los 70 muchos rockeros trataban de demostrar quién tocaba el solo de guitarra más complejo y largo. O cuál baterista se mandaba con evoluciones rítmicas de otra dimensión.

El rock ha muerto ¡Larga vida al rock!

El rock progresivo – o sinfónico - coexistía con el glam,  el hard rock, el country rock y, todos ellos juntos, miraban de reojo y con antipatía a la gran estrella de la década: David Bowie, quien era sin duda el único que le ponía una dosis de renovación y fantasía al show biz. Las super bandas como Fleetwood Mac, Supertramp, Yes, Pink Floyd o Genesis eran “monstruos sagrados” o verdaderos intocables. El rock se había vuelto “sinfónico”, incluso “operático” – como en el caso de Queen -; en otras palabras, se había vuelto demasiado “adulto”, casi como un sofisticado cuarentón. Sin embargo, en la periferia urbana nacían -como parásitos del mal- otros sonidos, y eran otros los rostros anunciantes de los tiempos que vendrían. Iggy Pop y Lou Reed eran los tíos malosos, que inspiraban a los adolescentes y jóvenes más descontentos de la época a hacer una música que les saliera de las entrañas.



Desde el underground de cada ciudad, muchas bandas conformadas por chicos –y chicas- de aspecto chocante y barato empezaban a poblar clubes de poca monta, que un día serían  leyenda, como ellos mismos, léase: MC5, Patti Smith, The Ramones, Televisión y el CBGB Club, en New York. En Londres, Malcolm McLaren junto a Vivienne Westwood, su entonces esposa, y de unos años para acá reconocidísima fashion designer, se ganaban las libras esterlinas con sus boutiques “Let it rock”, “Too Fast To Live, Too Young To Die” y “Sex”, variando sus productos acorde a las tendencias del momento. McLaren estaba muy interesado en generar polémica y lo hacía desde sus negocios de ropa, cuyos diseños alternativos y provocadores seducían a muchos jóvenes que se acercaban a ver qué había de nuevo y, principalmente, a buscar diversión o pelea. Malcolm ya había incursionado en el show biz, había sido manager de The New York Dolls, legendaria banda estadounidense, que era parte de esa “malsana” periferia musical. Muchos de los chicos que iban a la boutique eran fans de los New York Dolls, así como de Lou Reed e Iggy Pop.

Un buen día Malcolm decidió ser el manager de su propio engendro musical. Algunos habitués de su negocio tocaban en una banda llamada The Strand. Estos mocosos eran Steve Jones, Paul Cook y Wally Nightingale, poco después estaría con ellos Glen Matlock, quien a su vez sería relevado en 1977 por Sid Vicious. Malcolm se convirtió en su manager y empezó a escribir uno de los capítulos más escandalosos e interesantes de la cultura popular del siglo XX.

Johnny Rotten

“Juanito El Podrido” y sus compinches

Pero no fue hasta que Malcolm conoció casualmente a un muchachito delgado y de cabellos hirsutos y ¡verdes! Que la verdadera historia del Punk empezaría a escribirse. En el verano de 1975, el joven John Lydon entró al negocio de Westwood y McLaren en King’s Road, tenía puesto un polo con el logo de Pink Floyd… sobre el cual había adherido con un imperdible la frase “Odio a…” (I hate Pink Floyd). El efecto no pudo ser más inmediato ni impactante. Los demás miembros lo apodaron Johnny Rotten, porque tenía la dentadura peor cuidada que se pudiera imaginar. Y finalmente, con Jones, Cook, Matlock y Rotten como letrista, todos fueron rebautizados como los Sex Pistols.

Rápidamente, los Pistols se hicieron de una legión de fervientes y letales seguidores.Un grupo de jóvenes del suburbio londinense de Bromley se convirtieron en fans  y activistas de los Sex Pistols. The Bromley Contingent incluía –nada menos- que a los futuros Steve Severin, Billy Idol y Siouxsie Sioux. Los Sex Pistols lanzaron 4 sencillos: “Anarchy in the UK”, “God Save the Queen”, “Pretty Vacant” y “Holidays in the sun” y un solo álbum “Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols”, pero con esa reducidísima producción -y apenas dos años y medio de carrera-, cambiaron por completo la historia de la música popular, tal como lo habían hecho The Beatles en los años 60, hubo con los Sex Pistols un antes y un después del Punk.

Gracias a ellos The Clash se animó a tomar su lugar en la escena punk mundial, y como ellos, muchos músicos notables sintieron el llamado salvaje y libertario del “házlo por ti mismo”, y abandonando la inercia o falta de talento, se lanzaron a gritar su rabia y aporrear sus instrumentos como armas letales. El Punk regresó de un sopapo al rock a su verdadera edad, que nunca fue la de un señorón conformista, sino la de un eterno joven cuestionador y enérgico. Y de un buen puntapié lo regresó a su lugar: las calles. Las canciones duraban de dos a tres minutos como máximo, casi no se escuchaban solos de guitarra, ya nadie tenía que ser un virtuoso, ni tan siquiera saber tocar un instrumento o cantar para ser un músico punk; sólo tenía que estar terriblemente enojado y ser muy joven.





Las razones por las que el Punk no fue un fracaso:

Así es. El movimiento punk estuvo lejos de ser un fracaso. Sé que suena a broma pero es en serio. Por el contrario, hasta el día de hoy, es posible que haya sido el más exitoso de todos los movimientos contraculturales. ¿Por qué? Entre los postulados de la ideología Punk estaba claro que no había ningún futuro para el movimiento, y los verdaderos Punks nunca pensaron en cuanto tiempo duraría el mismo. Este había nacido para, tras una intensa y fulminante existencia, extinguirse.

Por otro lado, tenían una apariencia tan chocante, con sus pelos erizados y pintados de colores chillones, su maquillaje expresionista, los collares sadomasoquistas e imperdibles, que no resultaban blancos fáciles para que la industria del entretenimiento los absorbiera tan pronto como lo había hecho con los anteriores –muy en especial con los hippies-.

El “Feísmo” punk constituyó una verdadera barrera, difícil de “hermosear”. Hay que recordar también que algunos Punks incorporaban esvásticas nazis a su indumentaria, tan solo por fastidiar y escandalizar al mundo circundante. La estrategia del shock visual era constante y los Punks se volvieron expertos en ella.

El punk creía firmemente en que no había nada en que creer. Estaba seguro de que no existía futuro y que la anarquía –que siempre es transitoria y pasajera- era su único medio de expresión. No había un verdadero sustento político  ni académico para esta locura, excepto una cosa: sacudirlo todo, hace temblar a todo el establishment. Y lo consiguieron.

Finalmente, el imperdible, ese pequeño objeto utilitario casi insignificante, se convirtió en uno de los iconos que evidenciaban la esencia de este movimiento: lo desechable.

(Continuaremos con el manual del perfecto Punk en una próxima entrega.)


Aquí los videos de "Anarchy in the UK" y "God Save the Queen", de los Sex Pistols.








1 comentario:

Anónimo dijo...

pUnk's nOt DEaD!

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