Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


lunes, 9 de julio de 2012

Franz Ackermann



1963 Neumarkt St.Veit, Alemania/ reside y trabaja en Berlín, Alemania

<Lo que se trata de transmitir no son las minucias de los caminos y medios andados, sino una especie de informe de viaje destilado, que se alimenta del recuerdo y de la experiencia actual>


Franz Ackermann demuestra que el arte no sólo puede enfrentarse con el presente en la fotografía, en el cine, en el arte conceptual o en la instalación, sino también en la pintura. En cuadros de gran tamaño, que llegan  a dominar el espacio completo, opera con estructuras, colores, formas, ilusiones y clichés cargados de asociaciones, para sugerir la percepción del mundo exterior. El momento fundamental en la obra de Ackermann es el viaje. El enfoque de su pintura lo desarrolló en los primeros años noventa, durante una estancia de un año en Hong Kong; luego viajó a Asia, a América del Sur y a Australia. Al principio trabajó en <mental maps>, pequeñas acuarelas de tamaño de bolsillo; muestran que a Ackermann no le interesaba reproducir, sino aprender mentalmente esas culturas. De vuelta al taller, trasladó a cuadros los dibujos cartografiados, en proyecciones estalladas. Desde 1997, Ackerman trabaja cada vez más con pinturas globales; las imágenes individuales se unen con líneas en la pared, o se colocan directamente sobre la pared, hasta formar un panorama espacial, que semeja una película sin fin. En 1998 llevó a cabo el proyecto <Songline>, un módulo espacial portátil que rodea completamente al observador y que lo encierra en sí mismo. Se incluyen también fotografías publicitarias sobre viajes y de prensa, además de espejos, que retienen las sugerencias de experiencia del mundo a través de los medios de comunicación y la problemática de tal experiencia. Estas nuevas coordenadas de la percepción, su dimensión fascinante y critica, estaban presentes desde un principio en la perspectiva de Ackermann, Ahora se someten a duros enfrentamientos espaciales, políticos y visuales, que requieren observaciones reflexivas.

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