Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


lunes, 30 de julio de 2012

Michel Majerus







1967 Esch Luxemburgo / reside y trabaja en Berlín, Alemania
<Mi trabajo funciona precisamente porque toda pretensión de cultura y modo de vida <auténtico> se considera, a priori, como algo ilusorio>
Las exposiciones de Michel Majerus son toda una concentración de citas, estilos y motivos iconográficos; a primera vista no es fácil comprender por qué. Los soportes son clásicos: formatos cuadrados o de la altura de la pared, como los que empleó la modernidad más segura de sí misma. Sin embargo, su utilización parece un sacrilegio, un atentado contra su dignidad. Majerus cita muchos clásicos, sobre todo a los que forman parte de la modernidad norteamericana – los verdaderos héroes del gran formato – Frank Stella, Ellsworth Kelly o Andy Warhol ( con Jean-Michel Basquiat), pero también a Donald Judd, Robert Morris o Lawrence Weiner. Junto a ellos sitúa su estética utilitaria, medios impresos o signos rápidamente pintados. La estrategia pictórica de Majerus no es nueva; ya la utilizó la mayoría de sus elegidos. Pero hoy en día produce una impresión distinta y se puede emplear de un modo distinto. A Majerus no le interesa ya la entrada de lo real y lo banal en el arte, ni tampoco de esa lucha contra el ocaso de la pintura que parece transparentarse en todos los cuadros de Gerhard Ritcher. Desde el punto de vista de Majerus, todos los medios visuales tienen el mismo valor y han de considerarse sencillamente como coexistentes.
En la primera gran exposición de 1996 se integró en la tesis a la sala de exposición en sí: en contraposición a las salas majestuosas de la Kunsthalle de Basilea, con su aura, Majerus dispuso rejas de metal sobre el suelo, colocó sus cuadros como si fueran decorados o los pintó directamente en la pared. Todo esto produce una nueva percepción: lo pasado se libera de los recuerdos sentimentales y de las actividades museístas de conservación; la autoría pierde importancia, los cuadros están disponibles para el aquí y el ahora.

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