Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


viernes, 27 de julio de 2012

Tomás Ochoa





1969. Cuenca, Ecuador.
Consciente de que el artista no peude estar al margen de los eventos no siempre agradables y en un intento por presionar los límites entre el arte y la realidad, Ochoa crea sus obras partiendo de una situación concreta, hace entrevistar y recrea situaciones. Las suyas son realizaciones comprometidas que implican una investigación que dibuja un mapa etnográfico de las comunidades y los personajes involucrados.
En Sad.Co. –The Blind Castle (2003), realiza una compleja instalación con los remanentes físicos y culturales que la transnacional norteamericana, llamada South American Development Company, dejó tras su establecimiento en Portovelo, Ecuador, entre 1860 y 1946.
Hablando con los “actores” de la historia, viejos mineros de la Sad. Co que convierte en documentos vivos, Ochoa analiza las relaciones neocoloniales y las estrategias de resistencia. Así, con un despliegue de elementos visuales articulados entre sí, transita por la historia industrial de tantos lugares de Latino América; una historia de avances  y abandonos.
En El cuarto oscuro (2004), analiza conflictos relativos a los desplazamientos, trayendo a la luz problemáticas como la memoria colectiva, la reconstrucción de la subjetividad  y el andamiaje conceptual del poder sobre el tema del progreso en relación con los sujetos.
Contagio(2003.2004) es un registro de varios días y noches sobre las relaciones que Víctor López actor desempleado durante la crisis económica argentina, estableció con personas que vivían en la calle. Ochoa plantea así el binomio ciudad-desierto, cronotipo mitológico de la contemporaneidad como zona ampliada del campo artístico.
En su deseo de retratar la realidad, Tomás Ochoa transita también por el mundo de cárceles y reformatorios. Cinco Puntos(2005) contradice prontuarios y “retratos sociales” con el autorretrato que los reclusos hacen de sí mismos a partir de sus vivencias en el taller de su fotografía dirigido por los autores del proyecto.
Estas obras son construcciones poéticas, donde el artista actúa también como etnógrafo, como sociólogo, pretendiendo acercar el arte a la realidad, colocándose  en situación de acción, interacción y participación.
Ochoa trabaja como un investigador, como un coleccionista de historias y memorias, detrás de las huellas, de los restos de los otros realizando un mapa crucial para restituir una memoria suprimida. Todas sus obras son emocionantes retratos de los ángulos más desprovistos de la sociedad, pero en realidad el tema es un pretexto para expresar estructuras internas más profundas, más intemporales y por lo tanto más cercanas al arte.
Frente al mundo exterior dilacerado, la poética encuentra la fuerza de reunirlo en una totalidad que no esconde su origen fragmentado ni acentúa la pluralidad de significados contingentes.
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