Viviendo la posteridad


Ya estamos instalados en la posteridad. En cada pequeño acto de nuestra vida cotidiana, está la intención de dejar una pequeña huella, una marca. Por ejemplo, en el mensaje que dejamos en nuestra red social favorita, ese que todos leerán si nos morimos antes de desactivar la cuenta; en las fotos de la última fiesta o reunión, que colgamos presurosos y exhibicionistas. O en los blogs que llenamos con nuestras obsesiones preferidas.

Vivimos para una imaginaria posteridad, cuando menos podemos jugar a que esta existe, y tomar la delantera eternizándonos en mensajes, ideas y opiniones.

Por eso invitamos a quien lo desee, a dejar una huella en este espacio.


miércoles, 18 de julio de 2012

Jenny Holzer



1950 Gallipolis (Ohio), EE UU/ reside y trabaja en Hoosick (Nueva York), EE UU.

<Me encanta que mi material se mezcle con carteles publicitarios o con anuncios de cualquier tipo… y que se confunda con ellos>


Jenny Holzer utiliza las estructuras de los medios de comunicación y de la estética  del entorno  para meter de contrabando sus mensajes en la opinión pública. La simplicidad y la presencia de los medios de comunicación son criterios de suma importancia al elegir sus métodos. Frases fácil  de retener, se han convertido  en su señal de identidad; se encuentran en carteles, en T-shirts y en marcadores electrónicos.
Así pegó anónimamente, entre 1977 y 1979, sus <Truisms> en las calles de Manhattan; en 1982, hizo que centellearan en un marcador electrónico de Times Square. También colocó placas de metal con aforismos de la serie <Living>, 1980 -1982, en un espacio público. Lo provocador de las obras de Holzer no son sólo sus temas que-como dijo la artista en la Bienal de Venecia de 1990-siempre giran en torno a <sexo, muerte y guerra>. Lo que desconcierta es su ambigüedad, resultado de una reivindicación feminista de identidades múltiples. Esa indeterminación semántica caracteriza también su proyecto <Lustmord> (Asesinato sexual). 1993, en forma de suplemento de periódico:: desde el punto de vista de los autores, de las víctimas y de los observadores describió, con frases breves y agresivas, las experiencias de la violencia sexual y de la muerte. Desde entonces, Holzer ha presentado variantes de ese trabajo, p.ej. en forma de instalación de <LED> tridimensional en Bergen, 1994, de escritura luminosa en el monumento a la Batalla de las Naciones de Leipzing, 1996, o de arte sacro en el museo de arte del cantón Thugau (1996). Alineó meticulosamente huesos con cartelas de metal… una alusión a su vigilancia de la muerte. Con su deseo de llegar emocionalmente al observador, Holzer guarda un difícil equilibrio entre franqueza drástica. Una superficie seductora y la necesidad de la reflexión distanciada.

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